Unidad 5 - HISTORIA Y TEORÍA LITERARIA



La literatura indígena precolombina



Las letras en las culturas precolombinas

La literatura hispanoamericana es literatura escrita en lengua española o castellana. Pero la literatura de la América hispánica comenzó mucho antes de la llegada de los españoles al continente, pues varias civilizaciones indígenas tuvieron obras literarias. Los más importantes restos de literaturas indígenas corresponden a las culturas maya, azteca e incaica. Quedan restos también de expresiones literarias indígenas entre los mapuches y araucanos (Chile y Argentina), los guaraníes (Paraguay, Brasil y Argentina), y otros pocos lugares del continente.

Algunas escrituras aborígenes no se han descifrado todavía (la maya, por ejemplo), y aunque algunos pueblos no conocieron la escritura y sólo tuvieron arte oral (como los guaraníes y los araucanos), las literaturas hispanoamericanas han sido influidas por esas culturas precolombinas, mediante la tradición.

Este fenómeno se ha producido de dos maneras: a través del folklore oral, anónimo y popular, o a través de escritores que han tomado préstamos de esas culturas (temas, mitos, personajes, ritmos, vocablos, etc.) y los han incorporado en sus obras. Muchos escritores hispanoamericanos, incluso contemporáneos, manifiestan una fuerte influencia aborigen.

A la llegada de los españoles, las culturas más altas del continente habían desarrollado una concepción de la sociedad y el Estado muy particular, bajo el influjo religioso. No todas estas culturas estaban en un alto grado de esplendor a la llegada de los españoles, aunque el común denominador de ellas era haber logrado ciertas peculiaridades en el arte y en la concepción de la sociedad y el Estado, que las hicieron originales. Aztecas, mayas e incas, concibieron una sociedad en la que a pesar de que el influjo religioso era decisivo en la conformación de estratos o castas, tenía una estructura horizontal. El Estado, si bien era el proveedor de todo tipo de bienes –no sólo materiales, sino también culturales- era sostenido efectivamente por todos los individuos, que participaban en él.

De esas concepciones se desprende un tipo de arte sumamente rico, teñido de contenidos ideológicos y referenciales ajenos a la cultura actual. Casi todos los cronistas, como Bernal Díaz del Castillo o el padre Bartolomé de las Casas, hablan de la existencia de libros en los que los escribas imperiales se dedicaban a asentar sus mitos y tradiciones que constituían la <<superestructura>> de esa sociedad.


La escritura "florecida"


En las altas civilizaciones que habitaron México y la América Central, se dieron tres formas sucesivas de escritura: la pictográfica, la ideográfica y la parcialmente fonética, que algunos relacionan con el proceso evolutivo que sigue el aprendizaje del lenguaje en los niños. La ideográfica constituye un avance, ya que constituye un sistema de glifos, es decir, de figuras que simbolizan ideas, palabras o frases. En general, los glifos pueden clasificarse en tres grupos: los de carácter numeral, los calendáricos y los representativos de ideas abstractas o metafísicas, como la divinidad, la vida el movimiento o la inteligencia (esta última aparece en los códices aztecas como una flecha).


En la cultura azteca, este sistema de glifos se complementa con el uso de colores simbólicos. El amarillo identificaba al sexo femenino; el morado identificaba la condición real del tlatoni; el negro y el rojo la sabiduría que incluía el dominio de la escritura. El sistema ideográfico maya no ha sido descifrado en su totalidad, a pesar de los esfuerzos principalmente de especialistas alemanes como Von Humboldt, lo que dificulta la comprensión de los textos literarios conservados en los códices.

Individuos aztecas jugando al patolli, según el Códice Magliabecchianus.


Los nahuas, en cambio, utilizaban la pictografía. En esta cultura se cultivaba el arte del buen decir. Quienes lo dominaban <<Tlaquitzi>>, es decir aquél que "al hablar hace ponerse de pie a las cosas". Eran los creadores o poetas, de cuyos labios brotaban las <<flores>> (metáforas) sobre los grandes temas: el amor, la muerte, la guerra. Como los poetas renacentistas, los nahuas y mayas se preguntaron sobre la muerte, sobre la fragilidad de las cosas terrenas.

Nahuas

El poema, en esta lengua, era cuicatl, representado gráficamente por una voluta adornada con flores que significaba la <<palabra florida>>. El poeta también era el cuicapicqui, o sea el que canta o produce la palabra florecida. En los centros ceremoniales de Texoco y Tenochtitlán, según los cronistas de Indias, existían Casas de Danza y Canto, en las cuales los señores del imperio actuaban como mecenas de cantores, bailarines y músicos.

Lucha entre un español y un tlaxcalteca. Detalle de lámina XXV Códice azcatitlán.


En la poesía de los aztecas se pueden distinguir, ademas de los poemas épico-históricos y sagrados, tres tipos de lírica: los <<Cantos de las Flores>> (Xochicnicatl), los <<Cantos de Tristeza>> (Icnocuicatl) y los breves <<Cantos Filosóficos>>, que se asemejan al haikú japonés:

Por segunda vez no venimos a la tierra

Príncipes chichimecas

¡Gocemos!

¿Llevaremos nuestras flores a la muerte?

Solamente prestadas las tenemos.


En el imperio incaico, esa poesía era realizada por los amautas. Los poemas líricos en lengua quichua ofrecen una variedad de combinaciones y versos de arte menor, desde trisílabos (3 sílabas) a octosílabos (8) y eneasílabos (9). Eran cantados en cosechas y otras fiestas rurales, con un diálogo entre el poeta y el coro, al modo de la tragedia griega.

El aymoray estaba destinado a las festividades agrícolas; el haylle era de tema rural y heroico; el yaraví era una canción triste con tema sentimental; en tanto que el hurpi y el huayno tenían una poesía de carácter amatorio:

Manto tejido

de flores llevas

su trama es hecha

con hilos de oro

sus finos flecos

están atados

a mi ternura.


En todos los casos, el fundamento de esta poesía no está en el lenguaje sino de una cosmovisión, y para revelarlo hay que rastrear las antiguas tradiciones, volver a las fuentes, desentrañar los símbolos que se esconden detrás de una bella máscara de flores y jade. Las antiguas tradiciones religiosas contenidas en el Popol Vuh y en el Chilam Balam le sirvieron a Miguel Ángel Asturias para recuperar parte de la poesía precolombina azteca, como ésta que describe a la divinidad principal de esta cultura:

Quetzlcoatl, dios del viento

barre los caminos a los dioses de la lluvia,

envuelto en ropas aéreas,

orejeras de oro torcidas en espiral

collar de caracoles marinos hechos en oro,

caderas ceñidas con ropajes rojos,

a cuestas, llamaradas de plumas de guacamayo,

sandalias blancas,

en las piernas, campanillas atadas con piel de tigre.


La obra literaria no nace de la nada estética, por cuanto todo texto se inscribe en un sistema de convenciones establecidas por la tradición y el género –en el caso de la poesía, la lírica-. Toda obra literaria, a su vez, se relaciona con una cultura determinada, con un horizonte histórico y un sistema de normas que delimita el tipo de temas, la perspectiva ideológica, moral, política y religiosa.

El tema de la muerte, entendida como destino inevitable del hombre, es uno de los más frecuentados por la poesía universal.

Características de la literatura de los aztecas, incas y mayas

Literatura azteca o náhuatl


La escritura
Fuentes

La escritura azteca fue ideográfica o jeroglífica.
En general, lo que se conoce hoy en día de la literatura náhuatl es debido a las crónicas de los misioneros o a la tradición oral. Se sabe que entre los aztecas llegaron a formarse verdaderas escuelas literarias, y que al menos hubo tres grandes centros culturales: Tenochtitlán, Texcoco y Tlaxcala. En la primera de esas ciudades existió un verdadero emporio cultural, y en las otras hubo archivos y museos importantes.

 


Los géneros literarios más cultivados fueron la lírica, la épica, el drama y la historiografía.


La poesía lírica

Estuvo íntimamente ligada a la música y a la danza, es decir, que la poesía era cantada y bailada. Esta poesía, era, en general, anónima e intervenían tres agentes: el compositor de la letra, el músico y los bailarines y cantores. La temática no era muy variada, y trataba principalmente de la fugacidad de la vida, el enigma de la muerte con frecuentes alusiones al más allá, la vanidad del hombre y la rapidez del goce en la vida. Estaba impregnada de ideas religiosas, acordes con el concepto azteca de la vida, que en su opinión consistía en la guerra, la muerte, el mundo de ultratumba y las clases sociales.


La épica y los himnos religiosos

Los aztecas componían también himnos religiosos en honor de sus dioses, que provenían de la inspiración de compositores oficiales de los templos, y cantos épicos. En materia épica o guerrera, los aztecas tuvieron una profunda conciencia. Escribieron poemas sobre sus héroes y la historia, bastantes rudimentarios, en los cuales mezclaban cierto lirismo. La religión fue para los aztecas el eje de su vida; todo estaba ligado a ella: el comercio, la política, la guerra. La poesía siguió, pues, tan importante tema. Como el siguiente ejemplo en el que se estimula al guerrero a ser valiente y si es necesario morir en batalla.

¡No te amedrentes, corazón mío!

allá en el campo de batalla

ansío morir a filo de obsidiana.

Oh, los que estáis en la lucha:

yo ansío morir a filo de obsidiana.

Sólo quieren nuestros corazones la muerte gloriosa.



Procedimientos estilísticos

Conocieron algunos procedimientos originales, como el paralelismo, o sea el empleo de construcciones similares, de sintaxis o de vocablos. Además empleaban las estrofas pareadas, contituidas por dos versos. También fue muy común el uso del estribillo o retornelo, que podemos observar en el poema anterior. La repetición de ciertas palabras destacadas para unir dos secciones de un pensamiento, llamadas palabras broches, fue también habitual. Otras veces, recurrían a palabras vacías de sentido para completar el número del verso y la modulación del canto. Un procedimiento característico de esta poesía fue el diafrasismo, o sea la unión de dos metáforas, que juntas daban el símbolo de un solo pensamiento.

Ejemplo del uso de palabras broches:

¿Acaso es verdad que se vive en la tierra?

¿Acaso para siempre es la tierra?

¡Sólo un breve instante aquí!

Hasta las piedras finas se resquebrajan,

hasta el oro se destroza, hasta las plumas preciosas se desgarran.

¿Acaso para siempre es la tierra? ¡Sólo un breve instante!

Ejemplo del uso de palabras para completar el número del verso:

Sólo venimos a llenar un oficio en la tierra, oh amigos:

tenemos que abandonar los bellos cantos,

tenemos que abandonar también las flores.

Por eso estoy triste en tu canto,

oh tu por quien se vive:

Brotan las flores, medran, germinan, abren corolas:

de su interior brota el canto florido que tú, poeta,

haces llover y difundes sobre otros.



El teatro

Según se sabe por un cronista español y algunos restos de manuscritos, conocieron un arte dramático rudimentario, con cantos y danzas, que podría compararse con el ballet actual. La representaciones eran públicas.

Literatura inca

La escritura
Fuentes
Los incas quechuas carecieron de un sistema de escritura ideográfico o fonético. No se conservan restos o fuentes del idioma imperial de los incas, y por consiguiente tampoco quedan documentos literarios escritos. Sólo se dispone de tradiciones orales.
Las fuentes de la primitiva literatura quechua, además de la tradición oral, son los libros escritos por los españoles del tiempo de la Conquista, quienes han dejado transcriptas muchas composiciones de la época y aún anteriores.


La ciudad perdida de los incas

La poesía quechua

Se caracteriza por el panteísmo o adhesión a la tierra, propio de una civilización agrícola-militar, en la que los animales, las plantas y las flores ocupan un lugar importante. El espíritu de la mentalidad indígena es difícil de comprender por el hombre occidental, ya que los valores de ambos mundos son distintos. Además, el panteísmo, es perceptible en la poesía incaica, una tristeza típica del indígena, que, sin embargo, no tiene el mismo sentido que le da el hombre moderno. Por otra parte, casi no existe diferencia para el alma indígena entre los conceptos de tiempo y espacio. Otra característica es un cierto ‘franciscanismo’ o amor especial que el indio siente por los animales, que comparten el hogar casi en calidad de hermanos. Este matiz hace pensar en la psicología de San Francisco de Asís, quien consideraba hermanos a las bestias y las cosas naturales.

Asimismo, la poesía quechua no exalta sino por excepción a los grandes hombres del imperio o Tahuantinsuyo. Como en otras civilizaciones antiguas, la poesía se acompañaba de la música y la danza. Hubo dos clases de poetas: el poeta oficial, de la corte o amauta, y el poeta popular, profano, lírico o bucólico, llamado haravec. El primero componía poesías rituales, de mayor valor literario y más exquisita técnica literaria, mientras que el segundo era de menos técnica y compromisos en los temas que desarrollaban.

Clases de lírica

La lírica incaica y su posterior evolución, la mestiza (que era la fusión de los cantos indígenas con los católicos), comprendían diversos tipos de composiciones. Entre ellas, el wawaki, que era cantado por coros juveniles en las festividades de la Luna o durante las noches de guardia en las sementeras.

Ejemplo:

Los príncipes

Sólo a la luz de la luna ¡Sí!

Llamarme simulas ¡Sí!

Y cuando me acerco ¡Sí!

Te truecas en nieve ¡Sí!

Las princesas

Y si llamarte simulo ¡No!

Presuroso acude ¡No!

Si me trueco en nieve ¡No!

Échame tu fuego ¡No!

Los príncipes

Cuándo mi fuego te quema ¡Sí!

Te derramas en rocío ¡Sí!

Eres ilusión o viento ¡Sí!

O tal vez un desatino ¡Sí!

Las princesas

Si me crees rocío ¡No!

Tus labios acércame ¡No!

Aunque sea un desatino ¡No!

No pierdas mi rastro ¡No!


El jarawi fue una expresión lírica, por lo general de tema amatorio y sentimental, que originó el actual yaraví peruano. El huayno, de carácter erótico; el hauay o lamento; el triunfo o canción alegre del trabajo y la victoria, que también pasó al arte mestizo; el aymoray, poesía ligera de inspiración rural, que empleaba a menudo el diálogo; la poesía ritual y otras formas.

Literatura oficial y popular

Hubo dos clases de literatura; la oficial, que abarcaba los himnos del culto, pensamientos filosóficos; y la popular, consistente en la poesía amatoria y de temas humanos y sociales.

Poesía religiosa

Fue transmitida por la tradición oral y complementariamente restaurada por los quechuistas. Son frecuentes los himnos, invocaciones a los dioses y alabanzas. La crítica ha reparado en esta clase de poesía el intenso espíritu religioso y la concepción superior de la divinidad.

El cronista Crístobal de Molina, en Fábulas y ritos de los Incas (1575), recoge este jailli, en la zona de Cuzco, transcrito en versión quechua y dedicado a Wiracocha pidiéndole que los hombres se multipliquen:

Hacedor del mundo,

Luminoso Señor,

Raíz de la vida,

Dios de la existencia

Y de la muerte,

Señor de vestidura

Deslumbradora,

Tengan conocimiento

El viejo y el joven,

Y se multipliquen,

La ciudad y el mundo

Que vivan libres

Y en paz

Cuida a tu criatura

Durante muchos días,

Hasta que pueda

Perfeccionarse

 

Teatro

Comedias y tragedias fueron compuestas por los amautas, para las presentaciones en los días de fiestas solemnes. Se referían las piezas a hechos militares y de la vida cotidiana.

Sin duda Ollantay es la pieza maestra del teatro inca. Es la historia de un valeroso general que se enamora de la hija del Inca y la pide en matrimonio, pero que el soberano deniega porque el enamorado no es de sangre real. Ollanta se aleja del Cuzco y encabeza una rebelión armada que comienza a ganar terreno haciendo peligrar la estabilidad del Imperio. El Inca al no poder ganar la guerra después de una prolongada resistencia, se vale de una estratagema y captura al rebelde. En tanto, Cusi Ocoyllur, la amada de Ollanta, ha dado a luz una niña y vive prisionera en el Akllawasi de la capital del Imperio. Cuando está a punto de ser condenado a muerte, fallece el viejo Inca y hereda el trono su hijo, hermano de la prisionera, que enterado del caso indulta a Ollanta casándolo con su hermana y devolviéndole su antiguo rango.

Después de la rebelión de Túpac Amaru II, en 1781, el visitador general José Antonio de Areche estableció penas muy duras para quienes asistieran o actuaran en las representaciones teatrales. Especialmente prohibió la escenificación de Ollantay que el líder indígena había hecho poner en escena en el Cuzco ante su ejército y el pueblo, por el carácter netamente inca de la obra y su argumento revolucionario que, de alguna manera, facilitaba sus planes independentistas y reformadores.

Literatura maya

La escritura
Fuentes

Los mayas no tuvieron un alfabeto semejante al nuestro. Su lenguaje escrito consistía en un sistema de dibujos simbólicos y convencionales, de tipo jeroglifico; es todo lo que se sabe hasta ahora de este lenguaje. Fue el primer sistema de escritura desarrollado en América. Escribían sus libros sobre una especie de papel fabricado sobre la base de fibras vegetales, y los volúmenes eran largas tiras, dobladas varias veces sobre sí mismas, que debían desplegarse para la lectura. Las cubiertas se hacían de madera muy decorada.

Las obras literarias que se conservan son poquísimas, y consisten en textos escritos originariamente en lengua maya pero con caracteres latinos, por nativos que conocían también la lengua española, en épocas posteriores a la Conquista. En general, los libros que se conservan no son de fácil interpretación, sobre todo porque tienen carácter mitológico y religioso, y se apoyan en las ideas metafìsicas de dichos pueblos. A veces su sentido escapa a la comprensión de los mismos mayistas. Revelan una inspiración muy poética, un profundo sentido patriótico, y a cada instante se refieren a la historia, la ciencia y la religión de su época.


Chichén Itzá



Obras

Se conserva una pieza dramática. El Rabinal Achí, escrito entre los quichés, una tribu del pueblo maya, que dramatiza las rivalidades entre dos estados, sus sistemas de vida, sus guerras, y la captura y muerte de uno de los príncipes guerreros.

Otro libro, los Anales de los cakchiqueles, escrito también en lengua maya y de caracteres latinos, refiere la historia de ese pueblo, maya también, con datos históricos, religiosos y mitológicos mezclados.

El libro de Chilam Balam, otra obra famosa, expresa la desesperación de los indígenas ante la invasión de los españoles, profetizada por un sacerdote. Hay varias versiones distintas de esta pieza, escrita en distintos pueblos, con contenidos diferentes. Se mezclan en este libro noticias de historia, medicina, religión, calendarios, rituales, astronomía, miscelánea y fragmentos puramente literarios, es decir, la suma de la sabiduría maya.

Se supone que fueron escritos por sacerdotes mayas que transcribieron los textos jeroglíficos sagrados de cada lugar, y que en cada caso agregaron noticias de los acontecimientos locales. Se los consideraba libros sagrados, y se leían en ocasiones especiales. Las copias que se conservan no son las originales, sino del siglo XVI y aun de nuestros días.

Popol Vuh o Libro del Consejo


El Popol Vuh o Libro del Consejo de los indios quichés (Popol significa Comunidad o consejo, y Vuh, libro) se transmitió originalmente por tradición oral hasta mediados del siglo XVI, en el que fue escrito por un indígena en lengua quiché, pero con caracteres latinos. Este manuscrito fue traducido al castellano por el padre Francisco Jiménez, cura párroco de Santo Tomas Chuilá, antigua población de Guatemala. La versión del padre Jiménez fue incluida por éste en el primer tomo de la Crónica de la Provincia de Chiapa y Guatemala. Existen, además, varias traducciones a otras lenguas europeas, realizadas desde el siglo XVIII por estudiosos de los orígenes de las culturas indígenas en América. En esta obra excepcional pueden distinguirse tres partes. La primera es la historia de la creación del mundo y del hombre. La segunda refiere aventuras de personajes míticos (Hunahpú, Ixbalanqué, Ixquix) y sus luchas con los genios del mal, los señores del Xibalbá. Dioses mayores, profetas, sabios, dioses menores, se mezclan en estas fábulas inmemoriales con animales, árboles y fuerzas de la naturaleza. En este relato los hombres conviven con deidades del mundo superior e inferior, practican los juegos de las poblaciones primitivas, refieren simbólicamente hechos de la vida cotidiana de las comunidades, de la transformación de las tribus, de sus luchas internas. El estudio de las lenguas quiché y cakchiquel ha arrojado luz sobre esos textos permitiendo una interpretación abundante y precisa.

El Popol Vuh narra la historia de la creación de los hombres del siguiente modo:


Primera Creación

Los dioses crearon la tierra y la poblaron de animales, dándoles a cada uno un lenguaje, pero como no fueron capaces de pronunciar los nombres divinos, fueron destruidos.


Segunda Creación

Los dioses crean figuras humanas de barro que hablan pero carecen de pensamientos. "De tierra hicieron la carne. Vieron que aquello no estaba bien, sino que se caía, se amontonaba, se ablandaba, se mojaba, se cambiaba en tierra, se fundía; la cabeza no se movía; el rostro (quedábase vuelto) aun sólo lado..."

Los dioses (Constructores o Formadores, según el nombre dado en el texto) resolvieron destruir estas figuras.


Tercera Creación

Corresponde a la fabricación de muñecos de madera con forma humana. Estos muñecos hablaban y tuvieron descendencia, pero como carecían de sangre, se secaron. Fueron solamente un ensayo de la existencia de la humanidad en la superficie de la tierra. Los utensilios de cocina y los animales domésticos se revelaron contra estos maniquíes y una espesa lluvia que bajó del cielo terminó por destruirlos. Los que sobrevivieron huyeron a los montes convertidos en monos.


Cuarta Creación

Después de celebrar nuevo consejo, se produce la creación definitiva del hombre, fortalecido con la sustancia blanca del maíz, con el cual forman la carne de los que serán los primeros padres de la humanidad. Después de recorrer los espacios de la tierra, y como tenían inteligencia capaz de comprender los secretos del Universo, agradecieron su creación a los dioses.


Las Cuatro Edades del Popol Vuh

El Popol Vuh tiene un carácter simbólico y a través de los mitos que lo componen se ha podido leer la historia sistematizada de las distintas etapas del pueblo quiché, desde la prehistoria hasta su edad más avanzada. Frente a esta mito-historia, el Popol Vuh aporta un material valiosísimo para la interpretación de la mentalidad primitiva y para el conocimiento del desarrollo de las ideas, las artes, las ciencias y la cultura general de los pueblos autóctonos de América.

Como en todo lenguaje primitivo el del Popol Vuh es metafórico, es decir que se expresa por analogía y no puede explicarse racionalmente, sino mediante un pensamiento con imágenes. Aparece entonces la metáfora, no como un ornamento del lenguaje, sino como una pequeña fábula o mito. Como en los textos sagrados de las más lejanas civilizaciones del universo, el Popol Vuh ofrece las mayores riquezas en el área semántica de las palabras, en un lenguaje que es eminentemente significativo.

Por esta causa, constituye no solamente un documento de estudio para el antropólogo, el sociólogo y el historiador, sino un texto poético de misteriosa resonancia en el ánimo de aquellos que buscan desentrañar el horizonte cultural de la América Precolombina.

El Popol Vuh ha sido colocado a la altura de las más célebres teogonías de la humanidad, por la profundidad de sus ideas y la portentosa fuerza imaginativa. Por otra parte, se ha comparado con las antiguas epopeyas de la India y Grecia, por su valor literario y la lucha entre hombres, con la intervención de dioses.

Dentro del texto, pueden encontrarse muy diversos elementos: relatos mitológicos, fábulas de contenido moral, cuentos populares, narraciones bélicas, vestigios de antiguas poesías, bailables o recitables, etc.; y como protagonistas se mezclan dioses, hombres y animales.